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Monday 20 August 2018
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Chile: El país que da la espalda a Latinoamérica

Seguir negando el éxito de modelos nacionales y populares liderados por Evo, Cristina, Rafael y Pepe, es continuar alentando el arribismo desclasado que se cae a pedazos con “buenas prácticas” de cartón. Es hora que el jaguar tiñoso que somos, aprenda de las magníficas panteras que bordean el trópico.

chileEvo, el presidente aymara que redujo su sueldo desde su primer periodo, ganando hoy US$2.008 (16 veces menos que Obama y por supuesto mucho menos que los parlamentarios y ministros chilenos que han aumentado en $500 mil pesos sus salarios que ya son groseros frente al sueldo mínimo), nacionalizó todos los recursos naturales que hoy hacen crecer al Estado Plurinacional a un 6,8% bajo un estricto respeto a la Pacha Mama. Su reciente reelección la dedicó a los pueblos antinperialistas y anticapitalistas, manifestando que ha triunfado con él, la nacionalización sobre la privatización, justo en el día de la resistencia indígena.

En Chile estamos justo al reverso. En las antípodas. Mientras vemos en Bolivia que los comunes y corrientes hacen de la política una experiencia cotidiana, en Chile estamos condenados a la exclusión política, monopolizada por administradores profesionales. En palabras de Joaquín Edwards Bello, el “inútil de la familia” de Agustines, “Chile es un Guiriguay étnico”. Un “revoltijo” de maneras de ser, que se acomodan en su disparidad compitiendo. No existen rasgos reales de convergencia y menos de unidad. La “solidaridad” se da sólo ante la catástrofe para parchar el individualismo que ha negado por 200 años una República, o peor, para conseguir beneficios tributarios y buena publicidad, como ya estamos acostumbrados con la Teletón.

Chile es una isla lejana a Latinoamérica. Lejana al justicialismo argentino que puso en la cárcel común a Videla, donde murió de “infarto anal”; del ecoindigenismo boliviano que ya lleva una década en el poder; del liderazgo carismático derechamente de izquierdas del Tupamaro, Pepe Mujica. En un pacto de silencio, donde la impunidad y la falta absoluta de respeto reina entre mar y cordillera.

Este Chile atomizado y fragmentado, quedó cristalizado ante el saqueo estructural que realizó una dictadura completamente distinta a las antes conocidas, contraria a la “nación”. Los piratas especuladores, más tarde fueron higienizados por la democracia, naturalizando que hoy tengamos lobbystas en lugar de políticos, siempre “preferibles” a la bota y el fusil de un milico asesino que abrió paso a sangre y fuego a quienes se han instalado indefinidamente a costa del ritual electoral, financiado por los dueños y señores de este feudo, en una triangulación de poder e influencias obscenamente transparente, desenmascarado a propósito del fraude al fisco de Penta mediante el FUT.

Allá, tras la cordillera hay un “pueblo” que en su fortaleza demuda y deja sin otra opción que asumirse en el descampado, autoflajelándose en la neurosis no resuelta y en constante retorno. Programas como “Los 80″ o “Yo amo los 90″ evidencian la vocación de cangrejo. Porque sumergidos en el lucro con derechos universales a educación que va del caso Arcis a la UDD, en el mal de muchos consuelo de tontos, vivimos “empatando” sin NUNCA hacernos responsables del presente, con PODER para asumir posiciones y por fin modelar un futuro que corte con las ataduras estructurales que nos someten al pasado.

Acá estamos hablando sobre “reformas” concebidas con el esperma del clero y la banca. Acá estamos, acomodándonos, desclasadamente donde la “medida de lo posible” permita y “el mal menor” tranquilice. Acá estamos, con la justicia deteniendo a Cristián Labbé por tortura y desaparición en Tejas Verdes, dándole prisión preventiva en la comodidad del Comando de Telecomunicaciones en Peñalolén, para que luego se le otorgue la libertad bajo fianza tras la cancelación de 200 mil pesos con rebaja por ser “jubilado”, que hoy se prepara para ser nuevamente candidato.

El chileno de hoy y tras dos décadas de democracia se sigue conformando con que no lo maten y además se siente beneficiado por el sistema neoliberal. Compra a crédito y vende barata su fuerza de trabajo para “ganarse” un lugar en la “sociedad”, sin clase más que la no-clase o la potencial clase en un deseo de clase completamente permeado por el artificio del mercado. Como “ciudadanos” sin Estado o peor, con uno capitalista, subsidiario para los “emprendedores” y asistencialista con los más pobres, como plataforma de negocios de la “clase político-empresarial”, seguiremos siendo una seudocultura hija de estructuras dictatoriales.

 La única forma de desterrar la ignomínia, de exorcizar el demoniaco entramado que nos constituye,  es crear un proyecto amplio, sentido por  quienes vivimos en un extraño país costero donde se crían chanchos industrialmente, se sacan los minerales intensivamente, se ocupa el agua de los hermosos ríos para generar electricidad que se chupan las mineras, que saquean la cordillera, también chupando y contaminando el agua, la tierra y el aire con terribles venenos, sin siquiera dejar tributos al país por aquel crimen nacido de las fauces rentistas del básico y mediocre modelo exportador primario.

Por eso abrir una fisura en el ancho geográfico de nuestro territorio, podría traernos más que la solución a la crisis energética. El gas boliviano por mar, más aun considerando que tras la Ley Longueira, los 4 mil kilómetros de costa son de siete familias a perpetuidad, no sólo podría ser un excelente negocio considerando que la administración de los 52 puertos hoy está en manos privadas y puede quedar a tuición del Estado. Podría ser una oportunidad de dejar entrar la fuerza viva de la Patria Grande.

El Chile desclasado necesita encontrarse, necesita dejar de perderse en las lejanías norteamericanas y asiáticas, para volver a una región que avanza con toda la fuerza revolucionaria de los pueblos. Para encontrarnos, debemos llegar a Latinoamérica, traspasando la barrera no sólo climática, sino también ideológica de la Cordillera de los Andes.

 

  


Karen Hermosilla

Soy una reverde por naturaleza. Quiero que esta civilización se escurra de una vez y traslade su narciso antropocentrismo a un razonable ecocentrismo. No les compro a los shustentables que apoyan el capitalismo verde y la RSE.