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Wednesday 16 October 2019
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Compañías de fecundación asistida ya ofrecen al “Súper-humano”

Hace un tiempo se ha instalado el debate para establecer los límites éticos de la genética, las posiciones van desde el rechazo representado por el oscurantismo religioso hasta la construcción de un nicho de negocios que aun carece de normas claras.

 

espermatozoideLa actual estructura económica global ha demostrado una capacidad para crear poderosos negocios con los avances de la ciencia. El modelo es el mismo en todos lados: compañías privadas a través de sus políticas de RSE compran estudios que permiten a las Universidades sobrevivir investigando para privados. Así lo hacen también las Ues “públicas”, por ejemplo la USACH con las empresas de la minería y la Universidad de Chile certificando detergentes.

La industria genética tiene entre su leitmotiv la personalización medicinal, lo que siempre estará vinculado a la creación de nuevos tratamientos farmacéuticos. La trenza que los une va haciéndose más y más fuerte, ya que las pruebas que podrían detectar de forma temprana las enfermedades habilitan a las compañías farmacéuticas para desarrollar sus propios diagnósticos, nuevas drogas y por ende nuevos negocios a gran escala.

 

Hoy las industrias genéticas pululan en el primer mundo, muchas aprovechando el vacío legal, han comenzado a experimentar con la posibilidad de crear súper-humanos. Algunas compañías de fecundación asistida ya ofrecen sus servicios para entregar un detallado catálogo donde el o la cliente podrá elegir la mejor opción resultante del cruce de sus genes con los genes disponibles en el banco de espermatozoides, para tener su propia versión de un súper-humano.

Es el cliente quien hace una elección de los donantes que puedan asegurar que las probabilidades de enfermedades y problemas de salud en el niño se reduzcan al mínimo. En términos económicos, se podría cumplir con la falacia de los economistas neoclásicos, en la cual el consumidor racional cuenta con toda la información disponible y la utiliza con el objetivo de aumentar su utilidad, en este caso la máxima utilidad sería tener un niño sin enfermedades genéticas.

En la ciencia ficción mucho se ha escrito y filmado sobre los super-humanos. Ya en 1938 la obra maestra “Un mundo felíz”, de Aldous Huxley expresaba con satírica preocupación la posibilidad de contar con bebés y potenciales súper-humanos del tipo “Alpha”, “Beta” o “Gamma”. En plena guerra fría la película “Poder infinito” nos presentó a Anna, una brillante niña de 12 años que producto de un experimento genético se convierte en una peligrosa amenaza para los humanos y sus creadores. Mucho más contemporáneas son las historias del animé japonés “Evangelion”, la novela “2312” de Kim Stanley Robinson, “Gattaca” de Dany Devito y “El Ataque de los Clones” de Star Wars, todas comparten una mirada sobre la ingeniería genética.

En pleno siglo XXI, pareciera cada vez más cercano que aquel cliché que dice que la realidad supera la ficción se haga carne, a través de la creación de estos súper-humanos aun cuando sus promotores adviertan que hay cuestiones aun inclasificables e impredecibles que podrían hacer variar los niveles de confiabilidad de estos estudios.

Aunque suene a ciencia ficción, todo esto está pasando en estos momentos en la Tierra.

  


Luis Jaqui

Ser humano de izquierdas, administrador público y rockstar frustrado. En la dialéctica Tierra vs Capital, le pongo todas mis fichas a la Tierra. Un ReVerde por la #AsambleaConstituyente y las transformaciones que urgen en la Tierra. Soy @MutanRashen en twitter.