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Friday 23 August 2019
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#Los33: Cuando la precariedad minera se vuelve espectáculo

33 Mineros, encontrados el día 33 de las faenas de rescate, durante un día que su sumatoria arrojaba 33, mediante un papel escrito por uno de los mineros con 33 caracteres. La T130 rompió en el refugio 33 días después del hallazgo, y una vez que los mineros arribaron a la superficie, demoraron 33 minutos en llegar al hospital, con cronometro en mano. Por si fuera poco, el día que la cápsula Fénix izó a los 33, fue 13 del 10 del 10. Saque cuentas. Ni que lo hubiese predicho el Pulpo Paul.

antonioSegún la numerología, el 33 representa el amor en su estado más puro, que significa entrega, sacrificio y compasión. El amor que genera los más altos ideales y que no vacila en sacrificar todo lo material o personal para defender sus sueños y ofrecerlos a sus semejantes.

El denominado Número Maestro, en honor a la edad de Jesús cuando fue sacrificado,  dicta que tan altas Vibraciones deben ser usadas con cuidado, respeto y prudencia, ya que el ascendente que tienen sobre los demás es muy grande y si se hace mal uso de éste no sólo retrocede en su propia evolución, sino que lo paga con quebranto y angustia moral. Deben huir también del fanatismo, o de presumir de sus poderes de intuición y clarividencia.

O sea, estamos ante un peligro evidente, y a estas alturas, fehaciente.

El 5 de agosto de 2010, 33 mineros quedaron atrapados a 700 metros de profundidad, tras el derrumbe en la mina San José de la minera San Esteban, dirigida por los empresarios Alejandro Bohn y Marcelo Kenemy, desnudando las precarias condiciones laborales de la actividad más rentable de Chile- a pesar de no tener Royalty y solo impuesto a la renta- y que más externalidades negativas tiene: la minería.

Tras 17 días de saberse que se encontraban con vida y luego de una verdadera apología a la esperanza de sus familias que presionaron para su rescate, salieron a la superficie. Como verdadero guión de Hollywood, que luego se transformara nada menos que en una película de esta gran industria estadounidense, el poder se agarró para subir en las encuestas y generar revuelo mundial. Piñera, dijo haber soñado con los 33 vivos; el efecto “pindi” de una serie de personajes políticos, y no políticos como el “Negro Piñera”, subieron sus bonos con la audiencia mediante el uso y el abuso de los 33.

¿Qué hacía ahí de punto fijo la senadora Isabel Allende? ¿O esa suma exorbitante de hiperventilados periodistas que enloquecían durante cada contacto, relatando una y otra vez el “ambiente” que se vivía en la mina San José? y una incuantificable suma de “famosos” de todo el mundo, que por sus plataformas enviaron  sus filantrópicos saludos… solo algunos pudieron ser parte del staff de la película que ahora hace resurgir incluso a los delictuales Golborne y Piñera.

Lo paradojal es saber que tanta parafernalia tecnológica, la T130 que hoy se trasforma en sanguche de las picadas de moda, y los expertos altamente capacitados, se hayan desplegado en circunstancias que el drama de los 33, que hoy se convierte en la última entrega de Antonio Banderas, fue provocado por las deficiencias imperdonables del capitalismo y su supuesto progreso. Por la falta de todas estas innovaciones. Por la indecente práctica empresarial que omite lo medular respecto a los métodos de producción y mantiene condiciones de esclavitud remunerada para sus empleados.

El show mediático, que está lejos de culminar, ha transformado a los mineros en celebridades que aun no “ven la luz” respecto al precio de la fama que se desploma sobre sus hombros acá en la superficie, donde aún los derechos laborales son propios de un feudo y se cobran vidas por la protesta social para conseguir escasas reivindicaciones. Así no se alejan de lo que vivió Daniela Tobar en la casa de vidrio, Edmundo, o Carlita Jara en sus casas estudios. Solo show y exposición que sirve a los de siempre y no ejerce presión para terminar con injusticias tan evidentes.

Decir 33, para los médicos antiguos, era el camino hacia el conocimiento del estado de salud de sus pacientes. Según esta lógica, todos tendríamos un diagnóstico más o menos científico de la histeria, la ambición, la negligencia, la falta de Estado, salvo si se pueden sacar créditos políticos. Ahí  no se hace esperar la energía y motivación para levantar verdaderos sucesos laico-milagrosos, que acarrean tantos beneficios para quienes los viven. Porque el minero amputado tiempo antes del derrumbe, producto de la precariedad de las condiciones laborales en las cuales se desempeñaba, piensa que de haber estado ahí adentro, con los 33, ahora tendría sus dos piernas, el chocozo de Farkas, y una promisoria carrera cinematográfica, asegurando sus finanzas por un tiempo prolongado.

Como la cola de un pavo real, todos los chiches 2.0 que dejan boquiabiertos al mundo por su “desinteresada” aplicación, hoy se reproduce bajo la máquina filmográfica inmortalizada por la vanidad del celuloide. No se escatimó para importar herramientas y profesionales, como hoy en metros de alfombra roja, telas, maquillaje, corte y confección. Tampoco se escatimaron los años de invariabilidad tributaria para las mineras y con Codelco lejos del ejemplo que debiera dar una empresa del estado. Ahí los 33 siguen pasando piola, como pasó piola que Lagos Escobar diera ‘chipe’ libre impositivo hasta el 2017 y luego ampliado hasta 2025 por el parlamento, comisión liderada por el nepótico senador Lagos Weber, o que en 2003 -durante el primer gobierno de Bachelet- fuera reabierto el pique de la minera San Esteban, sin ninguna sanción ni condición de seguridad para evitar este accidente con final feliz. ¿Para qué? Hoy no tendríamos nuevamente todos mirando al culo del mundo y divirtiéndose con nuestras penurias con un paquete de cabritas sobre las piernas.

  


Karen Hermosilla

Soy una reverde por naturaleza. Quiero que esta civilización se escurra de una vez y traslade su narciso antropocentrismo a un razonable ecocentrismo. No les compro a los shustentables que apoyan el capitalismo verde y la RSE.