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Monday 23 September 2019
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Hay que poner fuerzas para que la Tierra hable

Sergio Burgos. Un sujeto histórico. Un habitante del sur. Un cronista de Melipeuco.

reverde sergio 2Don Sergio Burgos mira por la ventana, afuera, su infancia parece venir a lo lejos, a buscarlo para conversar de las cosas que tal vez haya olvidado en el camino, los juegos, la risa, el otro espejo.

Es un hombre pequeño pero extrañamente pareciera que estamos sentados frente a un gigante, ansioso sentado en su banca, como si quisiera salir con sus animales, pronto, a recorrer el pasado.
Dos potes rotulados con avena y maíz, en un rincón del mueble de cocina, nos dejan las cosas claras, antes el cigarrillo, antes del humo.

El ayer, la infancia, la escuela, el amor:

El año 34, nace, hace 78 años. Sergio Burgos Montiel, padre de seis mujeres y siete hombres.

Cansado de la misma pregunta de siempre en el pueblo. Y…¿cuántos hijos tiene Don Sergio?
Sabe…yo nunca he parido…pregúntele a mi señora.
La risa inunda la casa y se queda. Hay una botella posada en el aire, invisible pero eterna, la botella del vino y sus alegrías. Y sus tristezas.

Don Sergio ¿de qué manera conoció a Rosa?

La conocí en el pueblo, y hasta el día de hoy estamos juntos, ya perdí la cuenta de cuánto tiempo estamos juntos, serán 50 años de casado, de viejo ya. En esos años me copeteaba y me hacían hablar y ahí me declaro a ella, a mí siempre me gustó, ella vivía con la madre y unas hermanas, me atendían bien, casi como uno más de la familia, y ahí, entonces, me enamoro de Rosa.

Nosotros, adentro de la casa de Don Sergio Burgos nos sentimos pequeños, esa sensación de pequeñez ante la valentía y lucidez de levantarse con el barro, la lluvia y el viento afuera, mientras la vida da vueltas en los establos, inquieta. Burgos vuelve a mirar por la ventana, viene su infancia, viene y se devuelve, se pierde en el bosque, tal vez, no regrese.

No recuerdo nada de mi infancia, fue hace tanto ya-nos dice.

El silencio que precede a sus palabras hace recordar a otras infancias, acontecimientos cubiertos de un sol oscuro. Este hombre que bordea los ochenta años sigue mirando por la ventana cada cierto tiempo, como si afuera estuviese sucediendo todo, el viento arreciando las ramas de los árboles, el advenimiento de la noche fría y ajena. Y su infancia que viene y se va. Hay un poco de nostalgia en su semblante pero luego se aleja por donde mismo vino, entonces la infancia de Don Sergio se sienta a su lado y recuerdan juntos:

Echo de menos cuando yo estaba en la escuela- nos dice- me gustaba ir, iba de aquí a pie hasta Melipeuco y cuando el río estaba malo no podíamos cruzar y hasta ahí llegaba el estudio, hicieron un bote y así cruzamos el río y terminamos la escuela.
El recuerdo de su infancia crece. Sigue recordando.

Tuvimos que armar un puente para cruzar el Huallerupe, harto que nos costó para armar ese puente…han puesto como tres puentes y se los ha llevado el río….entre todos los hacíamos, íbamos a la cordillera a buscar varas de 15 a 20 metros de largas, las acarreábamos con bueyes y las hacíamos. Dos o tres meses nos demorábamos en hacerlo, entre nosotros lo hacíamos, entre la comunidad.
El tiempo no existe, lo sabemos al estar sentado frente a Burgos. El tiempo no existe pero la noche se acerca.

El pueblo

Don Sergio ¿cómo ve a Melipeuco hoy?

Ahora no se ve mucho la agricultura, la tierra sigue buena, hay que poner fuerza para que la tierra hable con sus frutos. Antes todos vivíamos de la pura tierra, siempre, avena, trigo centeno, arvejas, porotos pa la casa, pa la familia, pa comer bien. La gente ahora no siembra, la genta ahora y últimamente trabaja más en las plantaciones, en los bosques, en la apicultura, en esas cosas. Yo siempre había sido campesino, maderero, con bueyes, con dos o tres yuntas. Está bueno con todo lo que he vivido, disfrute la vida un poco, trabaje mucho, camine mucho, conozco hasta Argentina, muchos lados. Lo más lejos que he tenido que ir con mis animales 60, 40 vacas para Icalma ya allá arrendábamos para veraneá, el campito se nos hacía chico por los animales y en invierno no había talachi, pasto, por eso había que sacarlos a otro lado, ahí se iban pa arriba.

En esta respuesta Don Sergio nos entrega todas sus fuerzas, se mueve inquieto, todavía tiene las ganas de salir a caminar por los cerros, todavía tiene la fuerza del viento, la fuerza del río estrellándose contra las rocas, la fuerza de los gigantes sencillos.

¿Dónde estaba Don Sergio el día de la erupción del volcán Llaima?
Justo me vinieron a buscar para un Funeral, yo estaba en el caneo, cuando se incendió el volcán, en un velorio, me quedé ahí hasta el otro día, después, cada uno para su casa, lo veo todos los días ese volcán, se prende y se apaga, se prende y se apaga y así está, se prende y se apaga.

Estas palabras escritas sobre su persona, tal vez sean humo, para que hablar, será mejor salir a ver las nubes, si es que viene lluvia.

Caballos, fútbol, música

Don Sergio es invadido por la ternura y sus ojos brillan más de la cuenta cuando nos habla de su único hijo que lo acompaña, de su club, nos habla como si le acabasen de invitar a jugar a la pelota, a sus 78 años.

He sido presidente del club deportivo Huallerupe, salimos campeón con el club. Fuimos hasta Temuco porque barrimos con todos los jugadores de aquí y después me toco ir a jugar a Temuco, nos fue bien, ese día estaba ocupado el recinto así que me tocó para el lado del puente las canoas y para allá fuimos a disfrutar, nos tocó con Magasa y ganamos. Todos mis hijos han sido buenos pa la pelota, hasta de la selección lo han mandado a buscar, de la selección de Melipeuco, salieron buenos mis cabros. Yo era defensa, línea y media, me zafe el pie dos veces, por ahí me las arreglaba, en la vida yo siempre me las he arreglado solo.

Y su otra pasión Don Sergio…
Los caballos. Tenía uno preferido. Era un caballo negro que lo fui a comprar pa fuera, era corredor, y ese caballo me ganó tres carreras, bueno era, sí, me lo compraron y lo vendí, Pidén, se llamaba. Después tuve otro que se llamó Rocillo Moro, ese era hijo de una yegua corredora, tres años tuve esos caballos, ese me salió bueno…bueno…me salió más o menos no más, sabe?, después vinieron de Cunco a comprármelo y lo vendí también.

El acordeón

Don Sergio ¿usted disfruta de la música?

El hijo que me acompaña ahora es el Eric. Un día cambié una vaca por un acordeón porque a mi hijo le gustaba tocar. Todos mis hijos tocan el acordeón, la música es buena, mi hijo Eric tiene un conjunto bueno, escuchado por todos en el pueblo, se llama Ritmo Latino.

Nos alejamos de su casa, su hijo nos acerca al pueblo en un auto Charade de 1981, una joyita, nos dice, se despide y nos deja en el puente. Nos quedamos un momento mirando las aguas del río, tal vez siempre nos ha hablado y nosotros no lo escuchamos, mientras avanza, camino al mar.

  


El Llaima

Periódico de Melipeuco, Araucanía, fundado en Julio de 2014. Sus páginas escriben los testimonios de la gente del sur, de su propia historia, aquella que no llena las páginas de los medios oficiales, aquella historia que va señalando el camino para llegar a la orilla de los ríos, a la cima de los volcanes o al comienzo del bosque.