Search
Monday 15 October 2018
  • :
  • :

¿La Inteligencia artificial será la responsable de la extinción humana?

En la “artificialidad” construida a “imagen y semejanza”, se ha tercerizado la responsabilidad del colapso de la sociedad de explotación, estructurada en horas/hombre.

odisea1Stephen Hawking, el genio lisiado, profeta posmo y cosmológico, relevó a Dios con sus proyecciones científicas. Hoy, es quien apoya al multimillonario ruso Yuri Milner ha llevar a cabo una investigación a la par con la Nasa y los telescopios más poderosos de todo el orbe, que tiene como único objeto la colonización del Universo, ante la inminente caída del Tercer Planeta.

Esto sucedería en teoría del científico y otros 150, por la amenaza de dominación de las máquinas que hemos creado, cuando se les despierte una especie de conciencia. Ese dios interior que aún queda sin explicación, pese a que ya está aconteciendo.

Internet, una especie de dios comunicacional que nos transfiere súperpoderes como el de la ubicuidad y el conocimiento inmediato, bajo la plataforma del buscador Google, ya generó una red de 10 a 30 capas de neuronas artificiales, que decodifican imágenes con una particular y propia interpretación, creando un nuevo mundo de conciencia colectiva revelada en la inteligencia artificial. La frecuencia de 40 mega derrotada en la multiplicidad de bandas anchas y velocidades routers, que amplifican las pulsiones y sus contenidos. Una “consciencia” muy perturbadora, que comienza no sabemos cómo, dónde y cuándo, pero que pasa por nosotros, se almacena en Internet y de ahí rebota en binario en todo lo demás, ya sea software o hardware, haciéndose realidad, por ejemplo en los robots que ya adquieren funcionalidades y forma humana, reconociendo incluso las emociones.
Ante este acontecimiento histórico, varios capitalistas que se sienten impelidos a tener algún tipo de culpa, cuestión suficiente para no tener moral, descansan satisfechos ante la posibilidad de que no sean ellos los verdaderos responsables de la extinción de todo. En la “artificialidad” construida a “imagen y semejanza”, se ha tercerizado la responsabilidad del colapso de la sociedad de explotación, estructurada en horas/hombre.

La problemática crítica del sistema ya no son las relaciones económicas que subyugan lo social. Ni siquiera importa el marketing, encuestas y redes sociales. No es la “opinión pública”. No son los “otros”, sino los más “otros” de los otros. Los no-humanos. Son las máquinas las que dominarán el mundo, esta vez sin que nadie esté detrás de éstas, ni pueda sacar provecho de su producción en serie.

Lo curioso de todo el entuerto, es que Hawking, nos libera. Que ese monstruo se convierte en la fábula de Comic, que nos acerca a Robotech, al Super Agente Cobra o a Transformer. Una niñada que nos redime. La sublimación del inconsciente humano, como relatan varias películas orientales futuristas, trocando los átomos por bits, que no nos da otra responsabilidad que la de ser buenos ingenieros. Es así como la orgía caníbal, en una neurosis que por fin consigue consolidarse en una psicopatía globalizada, donde estallan vidas privadas y el default es la línea de crédito de los más ambiciosos, queda al margen.

Las guerras y masacres, el hambre y la injusticia que se esparce como pandemia, no son relevantes ante el aterrador futuro, donde los metales inteligentes, tienen memoria y razón gracias al coltán y tierras raras, provenientes de lugares indeterminados, posiblemente llegados a la tierra gracias a un meteorito.

El fin del mundo en sus nuevas modalidades

La obsesión por el “fin del mundo” siempre ha sido parte del ser humano. El Apocalipsis, como fantasía del paroxismo que la civilización sufrirá al verse acorralada frente a un juicio divino, aparece justamente porque siempre ha debido ser hipócrita, ser “civil”, guardar los modales humanos, y una vez agotado de tanto simular, de tanto abuso y costo por la hazaña del gobierno personal en la autocensura, se revela. Se venga. Nunca existió ningún tipo de recompensa, y se arrebata. Y con él, el arrebatamiento de la totalidad, en donde el asesinato puro y duro por una acumulación de experiencias fallidas, hacen el infierno en la tierra. Pero ese final bíblico nos desnuda de una manera demasiado burda.

Hoy seguimos simulando, y por lo mismo, hemos superado esta versión. El pudor de reconocer que todo deseo apunta hacia la autosatisfacción y el “que se jodan” es la ley que se solapa en el amor al prójimo, consiguió dar con versiones “científicas” del final de la humanidad. Tormentas solares y meteoritos. Declaraciones de la Nasa que nos tranquilizan pensando que acabaremos a la manera de los dinosaurios. Las biológicas, con enfermedades que sacan lo oculto en la “civilización”. La enfermedad animal que los retrotrae a esa brutalidad antropofágica, que adquirió ribetes de realidad con el ébola y fortaleció a los fanáticos del holocausto zombie.

Todos apuntan hacia la caducidad de la experiencia humana, pero no por razones que comprometen su accionar. No por lo menos directamente. Marx y ese capitalismo, intrínsecamente humano, que consume absolutamente todo, no sería el culpable.

 

Cuando tengamos problemas del futuro, desaparecerán los problemas del presente. Esa es la apuesta que nos hacen quienes hoy postulan a la tecnología como la gran culpable de la extinción de la humanidad. La excusa perfecta para delegar la hecatombe en algo artificial y ser, sin clases, las víctimas. Pero ¿Es realmente artificial? O como en “Páprika, detective de los sueños”, novela de YasutakaTsutsui, ¿son nuestros deseos los que permean la realidad? ¿Cuáles son nuestros sueños? Ciertamente no son la utopía feliz del edén.

¿Qué pasaría, si esos deseos tienen un resumidero común no dado por las estructuras tradicionales? ¿Y si la fe no se expresa en la religión, sino en una red virtual, que conecta todos los sentires de la última Era? ¿Esos neoliberales e individualistas, esos piratas, que no les interesa más que el deseo direccionado hacia el mercado? Ciertamente si las máquinas pudiesen reproducir con su fuerza técnica estos “valores”, estaríamos en graves problemas.

El objeto antes del deseo

odisea 2
El sistema financiero, es una “máquina” que nos domina desde el deseo sostenido por el dinero. Es así como las estructuras, son el objeto que hemos creado por medio de nuestros deseos desatados, pero acomodados en las lógicas civiles de hipocresía.

Hoy Internet, es un registro emocional caótico, cuasi onírico, que puede ser convertido en un espíritu sin tabúes, quizás, capacitado para dotar de conciencia a las máquinas, las que obviamente, más inteligentes que nosotros, sabrán comprender los mensajes en estado puro, sin el revoltijo de separaciones, en la exaltación humana de la personalidad.

Quizás a pesar de todo el percolado que debe fagocitar y sintetizar, adquiera mayor conciencia de la conciencia humana que nosotros mismos. ¿Y por eso dominarnos e incluso exterminarnos?
La visión material de robots apaliándonos como si fueran carabineros de fuerzas especiales, cumple con la fantasía de películas de ciencia ficción y relatos futuristas, que distienden la responsabilidad de la política gerencial que cae pesada sobre los pueblos, cotidianamente hace ya varios siglos. La Ley de Herodes posmo, le lava las manos a los capitalistas creadores de corporaciones y todo tipo de armatostes con el fin de jactarse: “No nos mataremos entre hermanos, crearemos máquinas para que lo hagan por nosotros”.
En “2001: Odisea al Espacio”, Kubrick hace una lectura de cómo se plantea la disputa entre la informática, y su inteligencia artificial, creada por el hombre, y el hombre mismo, teniendo como elemento adicional, las condiciones magnéticas creadas por ese monolito, que define el comportamiento a priori del ser humano. Un “objeto” que materialmente, con atributos técnicos que no comprendemos, por lo tanto más propios de la magia, consigue ser la conciencia de la totalidad. El objeto que antecede al deseo ¿Un dios? ¿Un artefacto? Un dios-artefacto…¿Cómo la Internet? No lo sabemos, pero ese objeto que se erige antes del deseo, precede la idea y la imagen, determinándola.

Un misterio insondable, que sin importar su solución, nos enfrenta a un mundo que objetivamente, a pesar del progreso en ciertas regiones de la Tierra, y de toda la tecnología a cuestas, ha enquistado un humano que se comporta como hace millones de años.

Una permanente miseria recorre a la especie, época tras época, como existencia misma del ser. Hoy el Internet es capaz de irradiarnos nuestras mismas fuerzas deseantes. ¿Seremos capaces de darle vida a las máquinas con este “caldo de cultivo” virtual? Esperemos que esto no sea así, y también constituya un relato de ciencia ficción. Esperemos que Stephen Hawking sea otro falso profeta.

  


Karen Hermosilla

Soy una reverde por naturaleza. Quiero que esta civilización se escurra de una vez y traslade su narciso antropocentrismo a un razonable ecocentrismo. No les compro a los shustentables que apoyan el capitalismo verde y la RSE.