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Monday 22 July 2019
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La real causa del ébola es el hambre

La pobreza es el resultado de un sistema que concentra las riquezas en un 1%, a costa del saqueo de las riquezas naturales en África y América, continentes asolados por sequías, pandemias y grave contaminación.

EBOLAAunque las hamburguesas comenzaran a caer del cielo y los completos italianos brotaran espontáneos desde las entrañas de la tierra, continuarían millones muriendo de hambre en el mundo. El sistema capitalista conseguiría la fórmula de apropiarse de ellos, para venderlos al mejor postor, y de sobrar, preferirían meterlos en un vertedero que en la boca de niños famélicos. Es así como funciona el negocio.

África, con tal de mantener su condición de exportador de materias primas como el Coltán (mineral clave en la construcción de tecnología inteligente) a precios insólitamente bajos, es sometida al hambre. Una condición que los ha hecho recurrir a acciones  insalubres y peligrosas, como la ingesta de animales silvestres que los han enfermado hasta el ébola.

La cultura cazadora vuelve peligrosamente al origen

Hoy incluso las comunidades africanas transan con cazadores furtivos. Ellos se quedan con el marfil, y reparten la carne de los elefantes y rinocerontes a un módico precio. Estos animales que por planes negligentes de manejo y conservación, pueden incluso atacar las aldeas, son el enemigo que se convierte en la sabrosa presa. Todos felices, menos los animales.

Pero más comúnmente son cazados artesanalmente chimpancés, gorilas, murciélagos de la fruta y monos, aunque también se consumen puercoespines, ratas y serpientes. Sólo en la cuenca del Congo, la gente come aproximadamente cinco millones de toneladas anuales de carne de animales silvestres, según el Centro para la Investigación Forestal Internacional.

Pero fue en la aldea de Gueckedou, en el sureste de Guinea, donde encontraron al primer portador del ébola. Un padre de familia que cazaba murciélagos para darles de comer. Su hijo de dos años fue el Niño Cero, que murió el 6 de diciembre de 2013. Fue por este hallazgo que la FAO, comenzó a trabajar en Guinea, Liberia y Sierra Leona, en estrecha relación con la Organización Mundial de la Salud (OMS) para concienciar sobre el riesgo de contagio de la fauna silvestre entre las comunidades rurales que cazan para obtener carne -o la obtienen de los bosques- para suplementar sus dietas e ingresos.

“El virus muere cuando la carne se cocina a una temperatura alta o es fuertemente ahumada, pero cualquier persona que manipule, despelleje o trocee un animal salvaje infectado corre el riesgo de contraer el virus”, declararon los expertos de la FAO.

Si bien este comportamiento no es nada más que la continuidad de una cultura milenaria, someter a países completos a la precariedad de seguir explotando sus recursos más importantes, sin retribuir con desarrollo de base que promueva modelos sustentables de buen vivir y más importante aún, cooperación internacional ante el superávit alimenticio, es impresentable.

A continuación, la evidentemente obscena métrica sobre gasto en alimentación que divide el mundo entre los famosos ricos y pobres de Recabarren, o la diferencia radical entre los que botan comida y los que mueren de hambre:

Infografia-Gastos-En-Comida

Si no crees que sea tan cierto o grave lo anterior, y te parece un “apocalíptico” relato que escapa del progreso que vivimos en la realidad, te invito a explorar las cifras que segundo a segundo arroja World Food Clock. 

Hoy, lejos del futuro apocalíptico que se nos ofrece desde el Evangelio de San Juan hasta el Kapital de Karl Marx, aún tenemos comida, y en abundancia. Existe sobre producción, como en cada una de las manufacturas que hoy atiborran el Tercer Planeta. Tanto así, que los granos sirven para crear biodiesel, plantando toneladas de monocultivo, en una feroz agricultura industrial basada en los transgénicos de Monsanto y otras agrotóxicas.

Anualmente, según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) en su informe “Pérdidas y desperdicio de alimentos”,  elaborado por  el Instituto sueco de Alimentos y Biotecnología, 1.300 millones de toneladas, es decir  un tercio de los productos que se producen cada año- que equivale a más de la mitad de la cosecha  mundial anual de cereales- se van a la basura, especialmente en Estados Unidos y de países europeos, como  Inglaterra, Francia y Alemania.

En América Latina y el Caribe los expertos revelaron que los alimentos que se desperdician a nivel de la venta al detalle, en el retail, podrían satisfacer las necesidades alimenticias de más de 30 millones de personas,es decir, el 64% de quienes sufren hambre la región.

Es así como continentes viven en el  “Tercer Mundo” sufriendo por un sistema caracterizado por la acumulación y la concentración, que no permite una correcta distribución a causa de la avaricia más aterradora que tiene a los “negros” siendo estigmatizados una vez más y sangrado por boca y nariz.

  


Karen Hermosilla

Soy una reverde por naturaleza. Quiero que esta civilización se escurra de una vez y traslade su narciso antropocentrismo a un razonable ecocentrismo. No les compro a los shustentables que apoyan el capitalismo verde y la RSE.