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Wednesday 16 October 2019
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Los 10 horrores de andar en bicicleta

La nula planificación de las ciudades, especialmente Santiago de Chile que ya tiene 7 millones de habitantes, que segregados deben trasladarse varias horas a sus trabajos, el mal transporte público, los 2 millones de 4×4, un diálogo social nulo entre ciudadanos y de estos con la institucionalidad, entre otros problemas, nos da como resultado un panorama “dantesco”, como dirían los coleguitas.

biciLuego de un concienzudo estudio de campo como ciclista de falda corta he identificado estos 10 obstáculos para hacer de la bicicleta una herramienta de poder, que por fin sea tratada como un transporte urbano formal, y no sólo un artículo de “esparcimiento”.

1. Ciclo-rutas:

Primero que nada son pocas y es difícil tirando para imposible encontrar una ciclovía que tenga cercanía con tu lugar de inicio de recorrido y coincidencia con tu destino final. No hay continuidad y algunas francamente caen en el ridículo. Tramos cortos que son una verdadera ofensa para quienes optamos por este transporte, angostos, que sirven también para peatones, coches, estacionamientos, y si no tienen una buena separación, también vehículos motorizados, haciéndolas sumamente inseguras.

2. Si ya te bajaste a la Calle:

Las groseras irregularidades del asfalto, los “eventos” u hoyos en el camino, los vidrios molidos, los aspersores de agua que mojan la calle y llenan esos baches y te dejan toda embarrada.

3. Taxis:

Uno de los dueños indiscutidos de estas calles. Tienen chóferes que simplemente se sienten incomodados por la presencia de ciclistas. Es común que te reprendan, te griten, te peguen bocinazos. Definitivamente su territorialidad es abrumadora como sus paradas abruptas e inesperadas que pueden hacerte quedar ensartado en la puerta que se abre para que baje o suba un también imprudente pasajero. Secos para el viraje en doble fila, hacen que tu trayecto sea una película de acción.

4. Los ciclistas engrupidos:

Esos chicos que creen que están en el Tour de Francia. Tan ataviados como un bombero, estos “profesionales” despliegan sus habilidades en la ruta rayando en lo psicokiller, enrostrándote lo perna y poco deportista que eres. Sus leyes son la velocidad y las temerarias maniobras que van desde andar en contra del tránsito hasta adelantarte a una velocidad superior a los 100 kilómetros por hora, desestabilizándose en un aterrador tiritón general, bicicleta incluida.

5. Las 4X4:

Anchos. Ese es el adjetivo. Obesos de las estrechas alamedas de Santiago. Avenidas que no soportan tanto petrolero piloteado por una solitaria señora bien, o un señor entrado en carnes. Nunca he visto una 4×4 con más de un tripulante y la verdad es que te dejan con un espacio vital igual a cero. Una vez un tipo me tiró una moneda de a cien pesos en la cara. Iba montado en una “todo terreno”.

6. Los “galanes”:

No es que me ponga feminista y comience con el discurso de que no soy un pedazo de carne, aunque estoy en todo mi derecho. Es una cuestión de seguridad. Los gritos, bocinazos e inclusos intentos de tirar las manos, es lejos lo más desconcertante que existe. Puede provocar un grave accidente por uno de estos arrebatados y imprevistos gestos de “cariño” masculino.

7. Los Peatones:

Como si se tratara de un videojuego, aparecen entre las ligustrinas que separan las calles o en las rejas o de la nada y se cruzan en medio de las avenidas. Al igual que cualquier vehículo, respetar las leyes del tránsito es “vital”, literalmente. Ignorar los semáforos o los lugares habilitados para el cruce es un seguro problema para los ciclistas, que no son considerados peligrosos, siendo que el impacto sería igualmente violento, o peor aun, ante el intento de hacer el quite, y me ha pasado, puedes ser atropellado por un automóvil.

8. La polución:

El aire que respiras en medio de tanto tubo de escape de coches, carros, autos, o como quieras llamarlos a diesel, es un asco. Y esto científicamente comprobado por un estudio del Centro de Sustentabilidad de la U. Andrés Bello (Unab).

9. Los Transantiago:

Éstas anacondas furiosas que doblan de forma intempestiva, si llegan a salirse del recorrido son uno de los monstruos más temibles en la selva de cemento. La guadaña de la muerte te roza cada vez que uno pasa por tu lado. Sus alienados choferes con suerte aún coordinan empatía con el entorno y es posible que ni se interesen por tu existencia.

10. Las distancias:

Santiago es una ciudad mal planificada. De hecho me atrevería a decir que NO está planificada. Simplemente se han creado guettos de clase y es de esta forma como dentro de la misma ciudad tenemos distintas ciudades segregadas, sin centros urbanos y de trabajo. Es por eso que el obrero del siglo XXI, ese que no le da ni para proletario, tiene que todos los días dirigirse a un trabajo en los lugares más acomodados, lo que le obliga necesariamente a pasar por el centro. Eso produce una concentración impresionante y además las distancias son de hasta cientos de kilómetros lo que hace IMPOSIBLE el uso de bicicleta como transporte eficiente. Por eso fue tan absurdo cuando los ciclistas pontificantes recomendaban a la gallada, pedalear para no sufrir la crisis del Metro. ¡Andá!

  


Karen Hermosilla

Soy una reverde por naturaleza. Quiero que esta civilización se escurra de una vez y traslade su narciso antropocentrismo a un razonable ecocentrismo. No les compro a los shustentables que apoyan el capitalismo verde y la RSE.