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Monday 15 October 2018
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Réquiem por la Merluza

Un recurso sobre explotado por la ambición de políticos nefastos como Longueira y las coimas recibidas de Corpesca. Los más de 4 mil kilómetros de costa sólo han servido para enriquecer a 7 familias. Así hasta ahora funciona el modelo productivo en Chile. Marcado por una elite corrupta y sin sentido de la sustentabilidad.

pescaChile, abril de 2015, Juan Carlos Cardenas Director de Ecoceanos: “Es clave que las organizaciones de ciudadanos, pescadores artesanales y estudiantes mantengan un creciente control y proporcionen más información a la Fiscalía para profundizar y ampliar la investigación por cohecho y coimas, efectuadas por las asociaciones de grandes empresarios pesqueros industriales”.

Cualquiera que lea esto, podría pensar que Chile es un país en donde los organismos públicos encargados de proteger los recursos marinos no hacen su trabajo, y que sus ciudadanos parecieran ser la masa crítica que se hace cargo del problema cuando se ha escapado de las manos institucionales. Y es que lo ocurrido con nuestra afamada merluza común (para diferenciar de merluza austral) parece no haber generado la alarma que cualquier país con casi 5.000 kms de costa tendría con este tipo de desastre natural, en cualquier país del mundo que sea gobernado por hombres y mujeres sensatos(as).

Los dardos de las organizaciones ciudadanas apuntan a Sernapesca como responsable del desastre, junto a las 3 empresas con la mayor cuota de pesca en el país, siendo la primera, la misma que se encarga de proteger los recursos marinos, me explico; ¿cómo hace usted para ser cazador y presa a la vez? Quizá por esto Chile aparezca con el peor desempeño dentro del ranking de la OCDE en materia de protección y conservación de recursos naturales. No se sorprenda, que en materia forestal CONAF también es un cazador y presa, pues se encarga de proteger y a la vez de explotar, ¿paradójico no?

Lo cierto es que, al 2015 la estrella marina del plato chileno ya no vive para contarlo, su suerte se zanjó en una visión típicamente corto placista (nada nuevo bajo el sol) que creció con los jugosos ingresos económicos en tan solo 40 años de explotación ciega y sin limites. Convertida en miles de toneladas de harina para tu consumo*, la vida de la carnosa merluza se diseminó dándonos la peor lección de todas; haber sido capaces de eliminar la irremplazable vida marina para alimentar el hambre de otros animales, sí, tal como lo lee, los músculos de la merluza contribuyeron a la formación de un músculo de salmón, otro de pollo u otro animal tentador de criar en un algún lugar del planeta. El alto contenido proteico de la grilla de la pesca de arrastre no tiene reemplazo, ni siquiera en los nacientes potenciales vegetales como el maíz o la canola, que por su parte viven otra crisis alimentaria profunda.

* Comparación entre Chile e Islandia y sus modelos extractivos pesqueros. Abril, 2015.

Pero si la merluza descansa en un réquiem sin fin ¿quién tomará su lugar en la industria?, será el jurel la próxima víctima del desastre, o la anchoveta, o será que la cuota ampliará sus márgenes, incluso la jibia se ha convertido en una alternativa gastronómica más que apreciable, a pesar de que corre con la misma suerte ya que su presa predilecta es precisamente la merluza. Es una difícil tarea si pensamos que mas allá de los limites, en aguas internacionales, otros más poderosos y extractivos surcan aguas con una voracidad cada vez mayor, tan sólo el año 2014 la flota china de pesca capturó más de 500.000 toneladas frente a las costas de Perú y Chile, triplicando a toda la extracción artesanal e industrial chilena el mismo año. La situación parece muy frágil y hasta el momento no tenemos una sola señal de criterio estratégico de protección país sobre nuestro mar.

foto

Figura 1: Limites de aguas internacionales.

Fuente: World location map.svgBorders based on VLIZ

Maritime boundaries and Internationalwaters.png.

 

 

 

 

Las pataletas de la Academia en esta materia no se hacen esperar, imposibilitada de incidir en las decisiones país (a juzgar por los resultados), investigadores de diversas universidades nacionales e internacionales advierten sobre el agotamiento acelerado de los recursos marinos, su degradación ecológica sin precedentes producto de la contaminación acumulada por siglos es seguida de cerca por investigadores, sin embargo nada hasta el momento ha sido capaz de frenar el modus operandis de la pesca industrial, que frente a la disminución de las poblaciones en alta mar lanza sus propios dardos, exigiendo mejoras como más investigación e inyección de recursos estatales para hacerle frente al eventual desempleo y al probable aumento de cesantía (circulo vicioso conocido).

No sería extraño que en los próximos 30 años, la pesca nacional disminuya sus flotas a la mitad, y que grandes embarcaciones terminen siendo una vieja historia de abundancia solapada.

Entonces, frente a tanto despilfarro y desregulación ¿qué hacer? asumiendo la debilidad histórica de los organismos estatales e internacionales, quienes a cada tanto se ven permeados por los grandes conglomerados económicos, lo recomendable sería crear institucionalidad, o mejor dicho, crear de una vez por todas un Ministerio del Mar con los recursos y competencias necesarias para enfrentar la gravedad ascendente de la pesca chilena y mundial. El mismo organismo debiese contener a las instituciones que se encarguen de la investigación y desarrollo, además de inyectar los recursos que creen una industria 2.0 que postule a la “Acuicultura Sostenible” como el camino mejor conocido hasta el momento para hacer del mar una fuente auto-generadora de recursos proteínicos permanente. Con esto aseguraríamos no depender de fondos provenientes de naciones como Japón, la misma que soborna a vista y paciencia de todo el mundo a algunos países  para que voten a su favor en la Comisión Ballenera Internacional, es la misma que le ha regalado 2 veces al Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) el barco para realizar parte de sus investigaciones que ayudan a medir y regular las cuotas de extracción en alta mar.

Así y todo la ciudadanía chilena tiene la oportunidad de solucionar lo que la política pública no ha reparado, pues tal como dije al principio, las chilenas y chilenos son el garrote de conciencia y acción que el país necesita para iniciar una solución real a este grave problema. Teniendo en cuenta que las leyes han mejorado, si la comparamos con la ley que regía en la década del 80´, su grado de impacto ha sido más que insuficiente, obligándonos a enfrentar la nebulosa que lo rodea y permitiéndonos proponer una solución sin precedentes en la historia en relación a un recurso natural.

El poder legislativo debe jugar su propio partido, a la denuncia realizada contra una Diputada UDI acusada de recibir coimas de Corpesca, se suma ahora la denuncia de que los Senadores que conformaron la última Comisión de Pesca y que votaron a favor de la llamada Ley Longueira, habrían recibido coimas por $500 millones de pesos de parte de la misma empresa. Claramente lo recomendable seria esperar a que sea el poder legislativo quien levante la voz frente a este desastre, más que mal los elegimos precisamente para eso.

Es de esperar.

Chile es mar, cada rincón de su delgada geografía recibe la influencia atmosférica permanente del mar, el mismo que nos dio la deliciosa merluza, también aporta con el grueso de la lluvia que se acumula en cerros y montañas del país, su importancia es a todas luces estratégicamente vital para todos los chilenos. De nosotros dependerá su sostenibilidad, aunque para eso sea necesario el ajuste de cinturón, la liberación de recursos y el control permanente de los ciudadanos, para dar un respiro a la mayor fuente de vida del mundo.

Un minuto de silencio por la merluza.

#Todoporelmar

  


Manuel Rojo

Padre de Amanda. Egresado de Ingeniería Ambiental, Técnico en Acuicultura. Educador Ambiental y Naturalista por oficio. Trabaja en Fundación Caserta y forma parte del Colectivo Viento Sur. Santiaguino y precordillerano. La defensa de la verdad y la protección de los recursos naturales de Chile me mueven.